The Most Complete Guide of Ecuador

¡Ahí vienen! Si las montañas pudieran hablar

Autor: Francisco Antonio Suing Guerrero. 

 

Los seres humanos, criaturas curiosas, hábiles e inteligentes. Su presencia en la tierra es reciente. Sin embargo, ahora, se les puede encontrar casi en todos los lugares del planeta.

La curiosidad los ha llevado a explorar los confines de este mundo.

La tierra y las montañas, por otra parte, siempre hemos estado en este mundo aunque no siempre en el mismo lugar o con la misma apariencia. Hemos sido testigos de los cambios abruptos con los que el tiempo ha castigado durante eones a este mundo. Vimos nacer la chispa de la vida y su progreso, y vimos poblados nacer e imperios caer.

Siempre ha existido un fuerte vínculo entre la tierra y el hombre; y este vínculo un día sembró en sus corazones una inefable pasión por conquistar aquellas cimas en las altas montañas alrededor del mundo. Y ese mismo fervor los trae una vez más en esta ocasión.

¡Míralos, ahí vienen una vez más! Cargados de sueños, llenos de esperanzas y dispuestos a enamorar a sus más grandes temores y dificultades con el propósito de apoderarse de su más extraordinario y profundo afán.

A lomo de bestias, traen bultos que utilizan durante su camino. Uno detrás de otro, caminan sin cesar por estrechos senderos dibujados por sus antecesores en épocas pasadas. Demuestran gran alegría en sus rostros, y gran admiración conforme pasan los días. Las conversaciones y risas interrumpen el silencio y la paz de mis valles. Los animales silvestres se muestran curiosos y corren ante la presencia de estos extranjeros. Lunas y soles; llegan y pasan. Y con cada hora que se convierte en recuerdo; la vegetación y el cantar de las aves desaparecen para dar inicio a una colosal estructura de roca, hielo y nieve que parece elevarse tan alto como las nubes y desaparecer entre las estrellas.

En la noche, muy apresurados, salen de sus campamentos, se reúnen y prometen cuidarse entre todos ellos; son conscientes del peligro que deben afrontar. El más experimentado del grupo se abre camino entre la oscuridad, la incertidumbre y los desafíos que cada paso representa. Con luz artificial, iluminan el camino que deben cimentar a cada momento. Sin embargo, no todos son conscientes de las historias de aquellos seres que, por razón alguna u otra, nunca pudieron regresar a sus hogares y que ahora descansan y duermen entre las entrañas de estos gélidos parajes con la única promesa de la eternidad y el recuerdo.

Las estrellas del firmamento les acompañan y ellas han visto cómo, durante generaciones, hombres y mujeres han tenido que sortear diferentes dificultades para abrirse camino en un terreno que no les es del todo familiar.

Los primeros rayos del sol irrumpen la oscuridad para dar el inicio de una nueva mañana. A paso lento se acercan a su meta; la tan anhelada cima. Un poco más, y finalmente lo único sobre sus cabezas es el cielo y, frente a ellos, el mundo a su alrededor. Rebozan de alegría; unos caen sobre sus rodillas del cansancio, otros se abrazan, otros graban en sus mentes las imágenes de este fugaz momento que ahora permanecerá en sus corazones, otros simplemente rompen en llanto al saber que lo consiguieron. Y por este breve instante en el tiempo, puedo compartir la compañía de estos seres que han venido desde muy lejos.

Los recuerdos y las razones por las cuales han venido hasta este lugar detienen el tiempo en sus vidas. En este lugar parece no inquietarles algo más; se sienten más vivos que nunca.

Ha sido agradable su presencia, no obstante, es hora de que regresen a casa, es hora de regresar a ese lugar en donde posiblemente nació ese impetuoso afán de venir hasta aquí.

Uno detrás de otro, regresan recuperando las huellas que los condujo en un principio. Cayendo y resbalando, finalmente llegan a su campamento para continuar con su odisea.

Las montañas estaremos aquí por mucho más tiempo, a la espera de aquellos que se aventuran a lo desconocido y que anhelan llegar por encima de sus posibilidades. Aquí estaremos para todos aquellos que deseen alcanzar las estrellas con sus propias manos, mientras sus corazones sigan latiendo. 


Más sobre el Autor:

Soy Francisco Antonio Suing Guerrero, nací en Quito el 15 junio de 1994. Estudiante de Ingeniería Electrónica. Practico el montañismo desde temprana edad y también practico esgrima. Además, he cuidado de colmenas de abejas durante años. Me interesa los dinosaurios, la historia de las guerras mundiales y los campos magnéticos.

Soy parte del Club de Andinismo Politécnico desde el 2017, he escalado gran parte de nuestros volcanes y montañas en Ecuador.

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