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Una historia de amor entre la pastorcita y el cóndor

Hace muchos años, el cóndor, conocido en las leyendas como mensajero de los dioses, decidió que quería encontrar el amor. Entonces, empezó a vigilar atentamente a las mujeres que vivían en los valles que rodean los Andes.


Veo veo a una pastorcita

Un día mientras sobrevolaba las montañas, alcanzó a divisar a una bella pastorcita. Desde el momento en que la vió supo que ella era la mujer que amaba.

Voló más bajo, acercándose para poder apreciarla mejor, hasta que por fin tocó el suelo y se convirtió en hombre. Se acercó a la pastorcita y empezaron a conversar.

Visitas diarias

Carismático y majestuoso, el cóndor convertido en hombre siguió volviendo todos los días para encontrarse con la pastorcita. Le contaba historias y poco a poco se iban conociendo mejor. La pastorcita, sin darse cuenta, se empezó a enamorar del apuesto hombre que le hacía compañía mientras cuidaba a sus ovejitas.

Sujetate bien

Pasaron algunos días hasta que una tarde mientras conversaban, el cóndor le convenció a la pastorcita a hacer un reto divertido. “Hagamos algo, veamos quién de los dos puede llevar más lejos al otro cargado en su espalda.” La pastorcita intrigada aceptó. El cóndor se colgó en su espalda y ella avanzó con mucho esfuerzo unos pocos pasos hacia delante. “Ahora te toca a ti!” El cóndor esperó a que se subiera a su espalda y le dijo a la pastorcita “Sujetate bien.”

Entonces, el cóndor volvió a tomar su forma animal y emprendió el vuelo.

Volando

La pastorcita no podía creer lo que estaba sucediendo. Se sentía libre y gratamente sorprendida por el cóndor quien la llevó a volar entre las nubes. ¡No tenía tiempo de asimilar que el hombre al que había conocido era en realidad un cóndor! Solo sabía que lo que estaba viviendo ahora, era lo más cercano a la libertad y se lo debía a él.

Y fue entonces, mientras volaban por encima de las montañas, que el cóndor le confesó su amor… Regresaron al suelo y la pastorcita sentía que su vida se había convertido en un sueño pero sabía que tendría que regresar a casa y despedirse del cóndor. Aún así, todos los días iba a ese mismo lugar para seguir encontrándose con él, quien la llevaba a volar cada día más alto. Y así pasaron meses..

 

Es amor

Hasta que una tarde, regresando triste a su casa, la pastorcita supo que también estaba totalmente enamorada de él y que no quería seguir viviendo una realidad distinta.

El siguiente día cuando se encontraron en el campo, le pidió al cóndor que la llevara lejos con él.

Los dioses celebran

La leyenda dice que el cóndor aceptó y se llevó a la pastorcita a su nido. Poco a poco, ella se fue acostumbrando a su nuevo hogar y dieta, ¡hasta que un día le empezaron a salir plumas!

Ahora dos cóndores enamorados vuelan en el recuerdo de los Andes ecuatorianos, bendecidos por los dioses quienes aceptaron a la pastorcita como mensajera de los dioses y eterna pareja del cóndor.

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